Hubo un tiempo en el
que las palabras se escribían en el aire. Aquellas personas que
podían verlas diferenciaban su significado por el color que estas
mostraban.
Pronto, empezaron a
utilizar varios colores para una misma palabra. Y, ¿cuál fue la
primera afortunada al merecer tal distinción? El amor. Los
habitantes de aquellas tierras pensaron en la necesidad de saber
distinguir su significado, por ello, establecieron el rojo para
cuando alguien decía «te quiero» a la persona que amaba; el azul, si se trataba de un amigo; el verde, si era un amor interesado; el
amarillo, si era la primera vez que se decía; el lila, si se decía
sin pensar. Y así con muchos más colores y significados.
Con el tiempo, las
personas fueron perdiendo las ganas de diferenciar todo cuanto
escribían y optaron por volver al blanco y negro, de esta forma,
sólo las personas que nos conocieran de verdad sabrían qué
significado tienen nuestras palabras.
Hoy, dicen que
cuando vemos el arcoíris es porque se reflejan los deseos de
aquellas personas que querían que sus palabras fueran reales. Y que,
debido a la variedad de sus colores, el amor no tiene un color
específico.
María Gomariz Calvo
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